sexta-feira, 12 de fevereiro de 2010

O Poeta Prometeico

Gleichnis von den Blinden, Pieter Brueghel, 1568.

“La Poesia era la palabra... Mas cuando los mercaderes y los fariseos del templo la enturbiaron y la corrompieran utilizándola para encomiar sus mercancías y acatar las ordenes injustas del Sumo Sacerdote... Cristo habló en parábolas... La parábola... aún no está corrompida.” León Felipe. El Poeta Prometeico.

O poeta prometeico fala, poetiza por parábolas. A parábola escapa ao jogo mercadológico, oikonomico, das trocas nefastas no qual a palavra se colocou; mas a parábola é o que se parece, a ressemblance, com o que é falado; é semelhança que afasta e dá ao parecido a sua forma singular, sua forma em imagem. Como um personagem imaginário, o poeta prometeico tem o semblante voltado para sua efemeridade e faz pantomima da verdade cósmica universal; não traça o logos, a Palavra, mas fala por Gleichnis, por semelhança, a partir da qual abre os olhos para ver a morte própria – sabe que seu cadáver (Leiche) já está consigo – e a morte espelhada nas coisas, nas paredes do mundo. O seu rosto carrega o peso da perda de si diante da semelhança que seu eu encara, isto é, na sua transitoriedade, de modo a poder ver a morte que se reflete nas coisas e a sentir o peso do tempo que está nessa distância dele consigo mesmo. O poeta prometeico inicia a história rompendo o círculo do eu que se identifica com o seu eu reflexo. Não crê na identidade e verdade de uma palavra que diz justamente a verdade unívoca das coisas; sabe que é dividido em si mesmo, que está numa contenda política consigo mesmo, pois, uma vez que ingressou na linguagem, sabe que o seu gesto poético não pode ser neutro e que só lhe resta um princípio de divisão infinita do qual não há saída (ele só é ressemblance, imagem, de si) apenas uma fuga, um constante movimento.
O poeta prometeico diz parábolas, pois sabe, de antemão, que seu corpo já padeceu sob os auspícios de algozes; sabe que para reconhecer seus pares, não é preciso aceitar a apresentação das vísceras como única forma de pertencimento à conjunção de coisas públicas (sua contenda é política desde o seu interno: sua própria divisão – o afastamento da mão da parede e seu consequente vestígio que nos chega ainda do tempo das cavernas). Da tortura e da estripação sacrificial ele tenta passar longe; essa é a tentativa de fazer com que os portadores dos rostos invisíveis não necessitem mais passar à exposição do interno: o externo e o interno não mais se contradizem e não precisam mais da expiação para terem seus lugares. Um se dobra no outro, sem ângulos e sem vértice, diria Murilo Mendes na sua Parábola, sem a esperança de uma retidão normativo-moralista, mas de maneira oblíqua e perifrástica, na tentativa de escapar de uma oikonomia dos corpos cujo único escopo é aguardar a vida do outro corpo, o glorioso e que, enquanto aguarda, só consegue manter-se com o eterno sacrifício diário do corpo – Hoc est enim corpus meum – num rito massacrante (o Reino) e aos olhos de todos (a Glória).

quarta-feira, 27 de janeiro de 2010

Las fiestas y el consumismo


Hace ya tres años que hago lo posible por no estar en Italia durante las Navidades. Lo hago adrede, con saña, desesperado ante la idea de no conseguirlo; aceptando incluso una sobrecarga de trabajo, aceptando la renuncia de cualquier modalidad de vacación, de interrupción, de desacanso.
No tengo fuerzas para explicar exhaustivamente el porqué al lector de Tempo. Esto entrañaría la concesión de la violencia de lo novedoso a viejos sentimientos. Es decir, una prueba "estilística" sólo superable mediante la inspiración poética. Que no viene cuando se quiere. Es un tipo de realidad que pertenece al viejo mundo, al mundo de la Navidad religiosa: y responde todavía a su vieja definición.
Sé perfectamente que incluso cuando yo era niño las fiestas navideñas eran una idiotez: un desafío de la Producción a Dios. Sin embargo, por entonces yo estaba todavía sumido en el mundo "campesino", en una misteriosa provincia situada entre los Alpes y el mar o en cualquier pequeña ciudad provinciana (como Cremona y Scandiano). Había hilo directo con Jerusalén. El captalismo no había "cubierto" aún totalmente el mundo campesino del que extraía su moralismo y en el que, por lo demás, seguía basando sus chantajes: Dios, Patria, Familia. Estos chantajes eran posibles porque correspondían, negativamente, en tanto que cinismo, a una realidad: la realidad del mundo religioso que había sobrevivido.
En la actualidad, el nuevo capitalismo no tiene ninguna necesidad de este tipo de chantaje, como no sea en sus márgenes o en los islotes supervivientes o en las costumbres (que se van perdiendo). Para el nuevo capitalismo es indiferente que se crea en Dios, en la Patria o en la Familia. De hecho ha creado su propio mito autónomo: el Bienestar. Y su tipo humano no es el hombre religioso o el hombre de bien, sino el consumidor que se siente feliz de serlo.
Cuando yo era niño, pues, la relación entre Capital y Religión (en los días navideños) era espantosa, pero real. Hoy en dia, dicha relación ya no tiene razón de ser. Es un absurdo absoluto. Y es posible que sea este absurdo lo que me angustie y me obligue a huir. (A países mahometanos.) La Iglesia (cuando yo era niño, bajo el fascismo) estaba sometida al Capital: éste la utilizaba, y ella se había convertido en instrumento del poder. Había regalado a las grandes industrias un niño entre un asno y un buey. ¿Además, no desfilaba bajo las banderas de Mussolini, de Hitler, de Franco, de Salazar? Hoy en día, sin embargo, la Iglesia me parece, en cierto sentido, más sometida que antes al Capital. Antes, en realidad, la Iglesia se salvaba por ese poco de autenticidad que había en el mundo preindustrial y campesino (en ese poco de artesanía que permanecía en las viejas industrias): ahora, en cambio, no hay contrapartida. Ni siquiera puede decir que a su vez utilice al Capital: porque, de hecho, el Capital utiliza a la Iglesia únicamente por costumbre, para evitar guerras religiosas, por comodidad. La Iglesia ya no le sirve. Si ésta no existiese, aquél no la echaría de menos. Sin embargo, en casos por el estilo, la utilización debe ser recíproca para que sea útil a ambas partes. En este punto la Iglesia debería distinguir, por ello mismo, las fiestas propias (si, aunque sea anticuadamente, aún las tiene) de las del Consumo. Debería diferenciar, por decirlo pronto y bien, las hostias de los turrones. Este embrassons-nous entre Religión y Producción es terrible. Y, de hecho, lo que de aquí se deriva es intolerable a la vista y a los demás sentidos.
A decir verdad, es innegable, la Navidad es una antigua fiesta pagana (el nacimiento del sol) y como tal era originariamente alegre: es posible que esta alegría ancestral aún tenga necesidad de manifestarse, periódicamente, en un hombre que va a roturar el Sájara con monstruos mecánicos. Pero en ese caso que la fiesta pagana se vuelva pagana: que la sustitución de la naturaleza natural por la naturaleza industrial sea completa, incluso en las fiestas. Y que la Iglesia se distancie de aquélla. Ya no puede jugar a la rusticidad y la ignorancia: no puede fingir que no sabe que la fiesta navideña no es ni más ni menos que una antigua fiesta celebrada in pagis ["en el campo"], pagana, y que la mezcolanza es arcaica y medieval. La tradición de los belenes y los árboles navideños ha de abolirla una Iglesia que de verdad quiera sobrevivir en el mundo moderno. Y esto no lo saben sólo los curas excéntricos, progresistas y cultos.
Como fiesta pagano-neocapitalista, Navidad siempre será terrible. Es un ersatz ["sustituto"] - con week-end y solemnidades afines - de la guerra. En tales días brota una psicosis indefectiblemente bélica. La agresividad individual se multiplica. Aumenta vertivinosamente el número de muertos. Es una verdadera barbarie. Se dice: muchos Vietnam. Pero los muchos vietnam ya están aquí. Ni más ni menos que en estas celebraciones festivas en que la fiesta es la interrupción del acostumbramiento al lucro, a la alienación, al código, a la falsa idea de sí: cosas todas que nacen del famoso trabajo que ha quedado reducido a lo que ensalzaban los carteles de los campos de concentración hitlerianos. De esta interrupción nace una liberdad falsa en que estalla un primitivo instinto de afirmación. Y se afirma agresivamente, gracias a una feroz competencia, haciendo las cosas más mediocres de la manera más mediocre.
Sí, es espantoso el comentario que acabo de hacer de la Navidad. Y sin ninguna excepción que hacer. Ninguna bondad. Ninguna blandura. Las cosas son así. Es inútil ocultarlo, auque sea un poco.


Nº1, año XXXI, 4 de enero de 1969.


Pier Paolo Pasolini, Las Fiestas y el Consumismo. in.: El Caos. pp. 119-121.

domingo, 3 de janeiro de 2010

Vão



O poema é alheio ao insano dançar das náuseas que sinto nesta tarde sem sol

aos ruídos do mundo, seus desencontros fatais, súplicas e prazeres antes do alvorecer

é amargo em sua esterilidade lingüística, insosso como pedra bruta, deprimente como o álcool que exala de meus poros

O poema não é catarse, refúgio, jogo ocioso

Alheio ao desespero, ao sono, ao grito

É o soco metafísico que desfiro no vazio dos olhos da vida.



Imagem: Herbert List

quarta-feira, 23 de dezembro de 2009

Há muita vanguarda para pouca retaguarda


Pequena terapia para lidar com o transtorno de atenção (diagnosticado ou não): ruminar o já visto, tentar encontrar o que a dispersão obscureceu ou aquilo que, envolvido nos mais diversos recalques, simplesmente não poderia ser encontrado naquele momento. A lição antonioniana de "Blow Up". Revisar, revisar, revisar. Livros e livros de borrões. Não temer a redundância, a tarefa de casa, o cozinhamento de pedras, o garimpo e sua alquimia possível.

quarta-feira, 25 de novembro de 2009

Máxima de (auto)ajuda

Sim, a exortação de Cândido, o ingênuo de Voltaire: é preciso cuidar de nosso próprio jardim. Repitamo-la, com um sutil complemento exigido pela realitá effettuale delle cose de nosso tempo: para nele cavar trincheiras e rotas de escape.

domingo, 8 de novembro de 2009

A vida não é argumento

Armamos para nós um mundo, em que podemos viver - ao admitirmos corpos, linhas, superfícies, causas e efeitos, movimento e repouso, forma e conteúdo: sem estes artigos de fé ninguém toleraria agora viver! Mas com isso ainda não são nada de demonstrado. A vida não é argumento; entre as condições da vida poderia estar o erro.
F. Nietzsche. Gaia Ciência. parag. 121.